LoS Héroes sangrientos de la Patria Podrida y Violenta

¡La víctima para el sangriento entrenamiento es un inocente perro!


ESTE ES EL ENTRENAMIENTO QUE HACE EL GLORIOSO EJERCITO COLOMBIANO CON SUS HUESTES SANGRIENTAS Y SANGUINARIAS QUE ALIMENTAN Y NUTREN EL ODIO CARNICERO E INTOLERANTE. A LOS QUE EN EL GLOMOROSO COMERCIAL DE TELEVISIÓN, LES LLAMAN "HÉROES" ¿POR QUÉ COLOMBIA, COMO NACIÓN NO SUPERA EL SANGRIENTO CONFLICTO ARMADO? PORQUE LA GUERRA ESTÁ NUTRIENDO LA VIDA DE INTOLERANCIA Y DE EXCLUSIÓN QUE HA CARACTERIZADO A LA SOCIEDAD COLOMBIANA, Y SEGUIMOS ADELANTE...COLOMBIA ES LA TERCERA NACIÓN POR DESPLAZAMIENTO, SEGÚN LA ONU, ES UNA DE LAS NACIONES CON MÁS ALTO ÍNDICE DE ASESINATOS DE SINDICALISTAS. ESTE AÑO YA VA UNO, Y NO SIGO PORQUE SABER POR SABER NO SIRVE PARA NADA...LA VÍCTIMA PARA EL ENTRENAMIENTO: UN PERRO!

El maltrato a los perros

Firma para que los maltratadores de animales vayan a prisión y tengan una condena

Debemos detener injusticias como la de esta foto. El maltrato animal debe ser castigado. Necesito tu ayuda.

Los animales pueden sufrir y sentir dolor. Más de 60 millones de animales mueren cada año debido a la crueldad humana, intencional o no.
A pesar de ello, en muchos países el maltrato animal no es un delito, o las penas son tan débiles que no impiden que sucedan crueldades como la de la foto.
Si tienes corazón, ayúdame a conseguir que el maltrato animal sea castigado como merece.

Al firmar la petición estarás enviando esta carta Destinatario: Asamblea General de Naciones Unidas, Agencia de Naciones Unidas para el Medio Ambiente Los animales pueden sufrir y sentir dolor. Más de 60 millones de animales mueren cada año debido a la crueldad humana. A pesar de ello, en muchos países el maltrato animal no es un delito, o las penas son tan débiles que no impiden que sucedan crueldades como la de la foto. Exigimos que el maltrato animal sea contemplado como delito en todos los países, se persiga adecuadamente y se castigue como merece.
Atentamente

Konrad Lorenz: Cuando el hombre encontró al perro




Konrad Lorenz no ha sido el primer científico que intentó comprender el comportamiento de los animales, pero su estrecha convivencia con el perro desde su adolescencia le permitió escribir en 1950 el ensayo Cuando el hombre encontró al perro, un testimonio apasionado del estrecho vínculo entre dos especies que se aliaron hace miles de años para sobrevivir en un mundo hostil. Lorenz apreciaba la fidelidad del perro, pero se esforzó en preservar la independencia de un depredador con enorme dosis de ternura. Sus perros siempre se caracterizaron por su libertad y coraje. No eran mascotas, sino amigos que conservaban sus impulsos naturales.



Konrad Lorenz ha sido cuestionado por su connivencia con el nazismo. Fue militante del Partido Nacionalsocialista y se mostró partidario de las tesis eugenésicas. Se sospecha que participó en investigaciones oficiales sobre diferencias raciales, convencido de la necesidad de aplicar los principios del darwinismo social, según el cual no se debe neutralizar el mecanismo de la selección natural en el ámbito de lo humano, eliminando las formas de vida sin valor o impidiendo su reproducción. Movilizado en 1942, cayó en manos de los rusos en seguida. Durante sus seis años de cautividad, trabajó como médico en un campo de prisioneros. Este pasado explica las protestas que acompañaron a la concesión del Premio Nobel de Medicina en 1973. Lorenz pidió perdón públicamente y lamentó haber sucumbido a la propaganda nazi. Lo cierto es que su experiencia en el frente le convirtió en un activista a favor de la paz entre las naciones, que no se cansaría de denunciar en las décadas posteriores los riesgos de la guerra fría entre bloques con armas nucleares.


Cuando el hombre encontró al perro es un libro delicioso, muy alejado del tratado científico, lleno de humor, ternura y lirismo. Lorenz sostiene que nuestro parentesco con los animales es más estrecho de lo nos gustaría aceptar. La evolución no es una teoría que rebaje la dignidad de la especie humana o que implique la refutación de Dios. Eso sí, aún no hemos desarrollado todo nuestro potencial, especialmente en el terreno moral y espiritual. Nuestro cerebro racional (necórtex) aún sigue fuertemente condicionado por nuestro cerebro emocional (sistema límbico) y por los impulsos más primitivos de nuestro cerebro reptiliano, donde las respuestas son automáticas e irreflexivas. Es absurdo buscar el eslabón perdido. El eslabón perdido somos nosotros. Somos el puente "entre el animal y el hombre auténticamente humano". Lorenz desarrolla una perspectiva que coincide con la filosofía del jesuita Teilhard de Chardin (Sarcenat, Auvernes, 1881-Nueva York, 1955), según el cual el cosmos es un proceso guiado por una perfección creciente, donde la materia y el espíritu se conciertan hasta llegar al Punto Omega, el estado de plenitud que recoge y culmina toda la historia humana. Teilhard de Chardin escribió: "Creo que el Universo es una Evolución. Creo que la Evolución va hacia el Espíritu. Creo que el Espíritu se realiza en algo personal. Creo que lo Personal supremo es el Cristo-Universal". En ese camino, podría añadir Lorenz, se encuentran el hombre y el perro, dignificándose mutuamente.


Lorenz sostiene que el perro no procede esencialmente del lobo (Canis lupus), sino del chacal dorado (Canis aureus). "El progenitor de la mayoría de nuestros perros caseros –escribe Lorenz- no es el lobo nórdico, como se creía comúnmente en otro tiempo. En realidad, son pocas las razas caninas que, si no exclusivamente, sí en gran parte llevan sangre de lobo". Las primitivas hordas de cazadores-recolectores toleraron inicialmente la presencia de chacales dorados porque les avisaban con sus aullidos de la aparición de extraños. No es improbable que la domesticación se produjera mediante la comida. Arrojarles pequeños trozos de carne sirvió para mitigar su desconfianza poco a poco. Los chacales perdieron el miedo al hombre y comenzaron a acompañarle en su existencia nómada. Poco a poco, se incorporaron a su rutina, incluida la caza. Los chacales aumentaron de tamaño y, sin perder el instinto, aumentaron su capacidad intelectiva. El ser humano comenzó a seleccionar ejemplares, cruzándolos de acuerdo con sus intereses. Surgieron de este modo las razas caninas. En los ejemplares procedentes del lobo nórdico prevalecieron la lealtad al jefe de la manada y el sentimiento de pertenencia a un grupo, dos pautas esenciales para actuar de forma coordinada y luchar solidariamente contra los enemigos. En los ejemplares procedentes del chacal, se mantuvo cierto infantilismo, que explica la excesiva sumisión de ciertas razas al ser humano. Lorenz admite que siempre ha preferido los perros que conservan las características del lobo nórdico, pues son más independientes y salvajes, lo cual no significa desafección al compañero humano, pues lucharan por éste hasta la muerte, enfrentándose a adversarios mucho más poderosos, si es necesario.


Lorenz ofrece en su obra unos rudimentos sobre educación canina, manifestando su repulsa hacia los métodos violentos. Señala que no se puede actuar del mismo modo con todos los perros, pues algunos son extremadamente sensibles y el más leve maltrato puede destruir su carácter. Aconseja no agotar al perro con ejercicios demasiado prolongados y apunta la necesidad de mezclar juego y aprendizaje. Desde su punto de vista, los perros no aprenden como autómatas, sino que son seres con intuición y cierta inteligencia creadora, que les permite improvisar y modificar. Eso no significa que posean un sentido ético. Lorenz no simpatiza con la frase: "los perros son mejores que los humanos", pues el perro no puede plantearse dilemas morales. Su inteligencia no se lo permite. Amar a los perros y detestar a los humanos es inaceptable. "El amor a los animales es hermoso y ennoblecedor sólo cuando emana del amor más amplio y genérico a todo el mundo viviente, cuyo punto central, sin embargo, debe ser siempre el amor a los seres humanos". Eso no significa que el perro sólo actúe por instinto. Su convivencia con nuestra especie le ha enseñado a comprender nuestros gestos y emociones, estableciendo con nosotros una relación inconcebible con otros animales. "Personalmente –apunta Lorenz- estoy convencido de que el perro es superior incluso a los grandes simios antropoides por lo que respecta a la comprensión del lenguaje humano, aun cuando éstos sean superiores en otras prestaciones intelectuales". Esta compenetración implica un deber moral, que muchas veces se ignora o escarnece. Abandonar a un perro o maltratarlo es una crueldad injustificable. "La fidelidad de un perro es un don precioso que impone obligaciones morales no menos imperativas que la amistad con un ser humano". Sin embargo, el perro "está privado de todo derecho, no sólo de acuerdo con la letra de la ley, sino también por lo que respecta a la sensibilidad de muchos seres humanos".


Cuando el hombre encontró al perro está repleto de anécdotas entrañables, hilarantes o estremecedoras. Los perros acaban pareciéndose a sus dueños. Lorenz señala que los perros de su mujer son limpios, discretos y silenciosos, mientras que los suyos se ensucian con cualquier pretexto, ladran sin parar y no soportan pasar desapercibidos. En ambos casos, hay una innegable concordancia con el comportamiento de sus dueños, pues la mujer de Lorenz era pulcra y ordenada y Konrad caótico y poco riguroso con la higiene. Los sentimientos de culpa no son desconocidos para los perros, pues cuando cometen una jugarreta o muerden a un humano por error, se lamentan con sobrecogedores aullidos y ofrecen la pata una y otra vez a modo de disculpa. Su amabilidad con nuestra especie no puede ocultar su condición de grandes depredadores. Cuando un venado penetra en el jardín de la familia Lorenz, tres adorables perros, incapaces de lastimar a un niño, lo despedazan sin compasión. A pesar de ser un naturalista avezado, la imagen del venado con las vísceras al aire y los huesos fracturados le produce una profunda impresión. Sin embargo, eso no altera su aprecio hacia los perros, leales, tenaces y casi siempre valientes hasta la temeridad. No le preocupa reconocer que no simpatiza con las personas propensas a atemorizarse con los perros. "Indudablemente se trata de un prejuicio injustificable", pero fundamentado por la convicción de que "familiaridad con los animales presupone una íntima confianza en la naturaleza".


Lorenz entiende que un perro alegre y activo puede ser un eficaz antidepresivo. Eso sí, opina que "la amistad de un perro resulta tanto más valiosa y conmovedora, cuanto menos haya sido alienado el perro por la domesticación o, en sentido inverso, cuanto mayor sea la proporción en la sigue siendo un animal de presa salvaje". Es curioso que en ningún momento mencione a las razas peligrosas. Es el año 1950 y aún no se ha potenciado genéticamente la agresividad de algunas razas, lo cual demuestra que los ataques de perros contra humanos suele proceder de aberraciones en la cría, donde a veces intervienen la neurosis o la falta de escrúpulos de algunos criadores. Lorenz manifiesta su preferencia por los mestizos, por lo general más equilibrados y sanos, y deplora que a veces se emplee el nombre del perro como insulto: "La perra es de entre todos los seres vivos no humanos aquella cuya vida psíquica más se acerca a la del ser humano en lo respecta al comportamiento social, delicadeza de sentimientos y capacidad para una amistad auténtica, o, lo que es igual, el más notable de todos los animales. Y no deja de resultar peregrino que, en inglés, su nombre se haya convertido en un grosero insulto".


Han pasado algo más de sesenta años desde que se publicó Cuando el hombre encontró al perro. Yo llevo conviviendo con perros de la infancia y ya rozo los cincuenta años. Mi experiencia coincide con la de Lorenz en muchos aspectos. Ahora vivo en el campo y tengo cinco perros: dos bichones malteses y tres mestizos. Los bichones son perritos falderos. Sumamente dóciles, alegres y algo traviesos, no descarto que procedan de los chacales dorados domesticados por el hombre en un pasado remoto. Conviven con cuatro gatos y un loro y jamás han manifestado ningún impulso cazador. Sólo salen al jardín a jugar o tomar el sol. Pasan la mayor parte del tiempo en casa, tumbados en un sillón. No son especialmente obedientes. A veces me ignoran o se ríen de mí, obligándome a perseguirlos para recuperar un calcetín. En cambio, los perros mestizos no muestran especial apego por el hogar. Son más independientes y cuando descubren un conejo o una serpiente en la parcela, no se dan por derrotados hasta que consiguen acabar con su vida o, en el mejor de los casos, provocar su huida. Aceptan mi liderazgo sin problemas y sólo el furor desatado por la aparición de un conejo, puede llevarles a incumplir mis órdenes. Por su conducta, presumo que descienden del lobo nórdico. Al margen de sus diferencias, les quiero a todos por igual.


He asistido a la muerte de cinco de mis perros. He llorado cada pérdida con tristeza y amargura. Lorenz ha pasado por la misma experiencia: "No encuentro palabras para describir la pena", admite después de perder a Bully, uno de sus perros más queridos. Sin embargo, eso no le echó atrás a la hora de buscar un nuevo compañero. Entiende que algunas personas descarten tener perros para evitar el trauma de su muerte, pues nuestra esperanza de vida es cinco veces superior, pero considera que es una actitud poco recomendable: "En la vida humana, un destino fatal nos enseña que hay que pagar cada alegría con un tributo de dolor, y el individuo que se prohíbe a sí mismo las pocas alegrías lícita y éticamente correctas de la existencia por temor a tener que saldar la cuenta que el destino le pasará tarde o temprano, no puedo sino considerarlo un ser pobre y mezquino. Aquel que quiere ser avaro con la moneda del dolor, que se retire a su buhardilla, como viejo solterón, y se vaya secando poco a poco como estéril planta que nunca dio fruto". No creo que a mis perros les agradara mucho esta perspectiva. Morir me resulta menos inquietante, cuando pienso que estaré acompañado hasta el final por unos amigos leales, inteligentes y en ocasiones increíblemente humanos. Sólo me preocupa qué les aguarda después de mi desaparición. Espero que algún día se les reconozca el derecho a vivir con afecto y respeto, sin ser abandonados o maltratados. Estamos en deuda con ellos por todas las horas de felicidad que nos han proporcionado, sin esperar otra recompensa que una caricia o una palabra afectuosa. Tal vez el poeta no se equivocó al escribir: "Tú me has conducido a tu habitación, donde existe el tiempo que nunca se pone" (Vicente Aleixandre, A mi perro).


Fotos y fuente:intothewildunion.blogspot.com

Fernando Vallejo, el mejor amigo del perro

El autor recibe hoy 150 mil dólares del Premio FIL, los cuales dará a dos refugios pro animales. Esta es la historia de su decisión
Fernando Vallejo en su residencia en México. Vallejo, quien recibe el premio Feria Internacional del Libro de Guadalajara (FIL) en Lenguas Romances, confesó que escribe por necesidad, para "molestar a los hipócritas, a los de la Iglesia (católica) y a los de la política", a quienes considera una "partida de bribones". foto:Efe.fuentes:lainformacion.com, eluniversal.com.mx

Si la literatura de Fernando Vallejo está plagada de pasajes protagonizados por Bruja, una gran danés negra, bellísima, que murió en sus brazos a la edad de 14 años, su vida cotidiana está regida por una conciencia humanitaria a favor de los animales.

Es tan consecuente en este principio, que no sólo convive y protege a los perros, sino que los procura; todo premio monetario que recibe, así como parte de las regalías que le entregan las editoriales por la venta de sus libros, pasa a manos de asociaciones protectoras de animales. Lo hizo en Caracas, Venezuela, en 2003, cuando donó los 100 mil dólares del Premio Rómulo Gallegos a la asociación Mil Patitas.

Ahora lo volvió a hacer. El escritor colombiano-mexicano que radica en México desde hace 40 años dividirá los 150 mil dólares del Premio Fil de Literatura en Lenguas Romances, que hoy recibe en el marco de la inauguración de la 25 Feria Internacional del Libro de Guadalajara, entre dos asociaciones protectoras de los animales mexicanas.

"Conozco desde hace tiempo esas asociaciones, colaboro con ellas, las he seguido y está muy bien que se lo entregue a ellas. Son de la gente más generosa, de lo mejor que tiene México", argumentó el escritor luego de conocer la noticia del galardón.

Amigos de los Animales, de Xalapa, a cargo de Martha Alarcón; y Animales Desamparados, del DF, a cargo de Patricia Rico, son las dos agrupaciones a las que el narrador nacido en Medellín en 1942 decidió hacer la donación.

Vieja historia de amor

El amor de Fernando Vallejo por los animales es conocido por todos y a veces se antoja provocador. En 2007, cuando llegó a la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM para presentar su polémico ensayo La puta de Babilonia, el narrador iba con 20 perros, todos abandonados por sus dueños, que habían encontrado cobijo en la asociación Animales Desamparados.

Vallejo está convencido de que los animales son seres vivos que sienten dolor, tristeza y alegría, igual que los seres humanos, y por lo tanto merecen respeto y consideración.

Con esa conciencia ha amado a varios perros, lo mismo de raza pura que sin pedigrí. La poeta colombiana Ana María Jaramillo, amiga y vecina de Vallejo en la colonia Condesa, recuerda que Fernando amó mucho a Bruja, una gran danés negra que, dice, fue muy definitiva en su vida y el perro que más quiso. "Después ha tenido otros perros, pero es duro, pasan los años, los perros se enferman y hay que sacrificarlos, eso lo deprime mucho y lo pone triste".

Es tan definitiva en la ficción de Fernando Vallejo, que Martha Alarcón, de Amigos de los animales, asegura que en La rambla paralela Vallejo "vuelve a evocar a esa Colombia que ya no existe, y que para él simboliza la desaparición de la finca de su infancia, Santa Anita, y de su abuela Raquel, junto a su perra La Bruja (que la evoca en latín "el amor más puro y verdadero") y que murió en su departamento de México".

Quien llegó a conocer a Bruja se sorprendía de la relación que tenía con el escritor y de la inteligencia de la perra. Ana María Jaramillo, poeta y directora de Ediciones Sin Nombre, recuerda que Bruja era impresionante.

"Ese perro se sentaba en la sala, tenía su esquina, nadie se podía sentar en ese sofá, donde estaba su cobija, casi que le conversaba a uno. Era una perra muy impresionante. Él siempre paseaba con ella", recuerda.

Una pasión canina

Su relación con los seres de cuatro patas es añeja y profunda, encuentra con ellos compañía y en reciprocidad los procura. No sólo es pilar de la Sociedad Protectora de Animales de Medellín, que creó y dirige en esa ciudad su hermano Aníbal Vallejo Rendón, sino que también ha colaborado en campañas de esterilización de Amigos de los Animales y Animales Desamparados en zonas marginas con alta población canina.

Patricia Rico, presidenta de Animales Desamparados, recuerda la mañana de septiembre en que le llamó Vallejo para decirle del premio que le daban y que él había decidido que ellos fueran una de las agrupaciones beneficiadas. "Llamó a las nueve de la mañana para darme la gran noticia que somos una de las dos asociaciones que ha escogido para donar su premio porque apoya las esterilizaciones gratuitas que ANDES realiza, me preguntó si el albergue con los 50 perros discapacitados que tenemos seguía brindando la misma ayuda y que si estos seguían con la misma calidad de vida digna que él conoció".

Es sabido que a Vallejo no le gustan los albergues, pero éste le encantó, dice Patricia, por ser una casita de amor más que un albergue. "Nos enfocamos a ayudar a perros discapacitados y viejitos que fueron vilmente lastimados y abandonados a su suerte en la calle".

También el albergue que dirige Martha Alarcón en Xalapa, Veracruz, le gustó al narrador, pues cuenta además con un hospital que da consulta gratuita a animales domésticos de gente pobre.

Alarcón asegura que el donativo del escritor servirá para seguir impulsando sus programas de Rescate, Albergue, Esterilización, Adopción, Concientización y la rehabilitación y reconstrucción de las instalaciones.

"Amigos de los Animales es una Asociación Civil sin subsidios y trabaja gracias a las aportaciones de socios y donativos de simpatizantes, lo que nos tiene siempre trabajando en números rojos; así que este importante donativo nos ayudara a sanear un poquito las finanzas del grupo", señala.

Hombre consecuente

El narrador superó la muerte de Bruja con nuevos seres. Decidió no volver a tener perros con pedigrí, sino albergar a perros que no tienen más techo que la calle, seres sin raza ni ser querido.

De tarde en tarde se le ve por la Condesa caminando con un par de perros. Jaramillo dice: "Sale a veces con su perrita y nos encontramos, luego conversamos, la vida de él está muy enfocada a consentir a los animales, los recoge de la calle, ya no tiene perros de raza".

Ver a Vallejo por la calle no es fácil, es una persona muy discreta. "Nunca ha cambiado de vida ni con la fama, es muy amable, muy buen amigo, lo quiero muchísimo, lo conozco desde que llegué a México. Es muy buen anfitrión, invita a su casa cuando llegan los escritores colombianos, siempre los apoya".

Si Vallejo tiene una gran fuerza narrativa es porque es un hombre muy estudioso e interesado en la ciencia y en la lengua; es un escritor meticuloso, pues para escribir un libro investiga y agota todo el tema. Ese amante de los perros y del lenguaje que trabaja en la biografía del filólogo colombiano Rufino José Cuervo, es el mismo que hoy recibirá un homenaje y dictará una conferencia.

Vallejo, durante el anunció del Premio, dijo que "México se está colombianizando o ya se colombianizó y que Colombia ya se mexicanizó", y agregó que teme dejar huérfana a la perrita que lo acompaña y que recogió en la calle.

Terrible visión de la crueldad

La autora australiana Eva Hornung examina en El niño perro las relaciones entre humanos y animales
Eva Hornung, autora de El niño perro es su primer libro que se traduce al español. foto.fuente: Revista Ñ

La novela El niño perro es uno de esos libros inclasificables que cuesta colocar dentro de cualquier grupo literario, y justamente por eso, es inolvidable. Tal vez lo más cercano en cuanto al tema, sea alguna de las novelas en las que Jack London explora el mundo de los perros y los lobos. Como Colmillo Blanco, la historia que cuenta Eva Hornung examina las relaciones entre humanos y animales y hace un retrato terrible de la crueldad humana. Como Antes de Adán de London, es una pregunta sobre la esencia de la humanidad.

Hornung administra con un cuidado extremo sus puntos de vista. Ese cuidado hace posible el libro. Aunque está inspirada en la realidad, es difícil hacer verosímil la historia de Romochka, el niño de cuatro años que vive con perros en Moscú. Hornung cuenta con una voz narradora en tercera persona que, en general, mantiene cerca del chico. Consigue una fábula negrísima pero absolutamente creíble y un espejo impiadoso y exacto de las sociedades del siglo XXI. Hay momentos en que hacen falta otras miradas más adultas y cercanas al lector y la autora las tiene. De esas, las dos más importantes son las de Dimitri y Natalia, los científicos que se cruzan con Romochka. Pero el chico sigue siendo el centro de todo y es él quien cierra el libro.

Durante casi toda la novela, el niño vive en un mundo donde lo humano está al margen y en ese período, lo que cuenta Hornung es la superposición de dos mundos: el de los vagabundos (tanto perros como personas) y el de la ciudad, que se ciega voluntariamente para negar la existencia de los que no le pertenecen: "la gente se desplazaba con ceguera ensayada por los espacios públicos", dice la voz narradora ya que "los chicos vagabundos eran demasiado y resultaban harto abrumadores para soportar ser conscientes de su presencia".

Esa convivencia entre dos universos que comparten el mismo espacio (las plazas, las veredas, el subterráneo) es un retrato de la sociedad esquizofrénica del siglo XXI. La conclusión es que hay más piedad y más cariño entre los perros que entre los humanos. Cuando ya hacia el final, Romochka se cruza con la ciencia, será sobre todo objeto de estudio para Dimitri, un objeto fascinante que promete gloria académica. Esa mirada fría termina cambiando, sí, pero hasta la última página hay algo de cálculo, de no entrega en los científicos. Es cierto que Romochka también es capaz de cálculo: es todo un estratega desde el principio pero su estrategia está aplicada a la defensa del grupo, su familia de perros. De todos modos, es el cálculo lo que parece unir al niño perro con los adultos "normales". ¿Es ahí entonces donde radica la "humanidad"? El final de la novela es un golpe a la mandíbula, un estallido silencioso, narrado en un presente que lo hace todavía más portentoso. Hace falta releerlo varias veces para aceptarlo. Si se interpreta ese final como respuesta a la pregunta anterior, es imposible no seguir pensando durante horas en las consecuencias. Y se lea o no así el último acto de Romochka, lo cierto es que el libro nos muestra la oposición civilización versus barbarie, que fue tantas veces justificación de la masacre, la guerra, la conquista, y la muestra de la mejor manera posible: como quebrada y absurda.

No hay duda de que, como Vida de Pi, del escritor canadiense Yann Martel, El niño perro es una "experiencia", en el sentido más profundo y brutal de la palabra. Hay pocos libros que, después de cerrados, se sientan de esa forma. Este es uno de ellos. Ese es el verdadero grupo literario en que hay que poner la novela de esta autora australiana.

La perra vida de Fernando Vallejo

¿Por qué ha donado más de medio millón de dólares a los animales de la calle? ¿Por qué los perros atraviesan sus ficciones y su realidad?
El escritor Fernando Vallejo el lunes pasado, día que le otorgaron el premio, durante el paseo de rutina con su perra Quina. foto: Fernando Ramírez.Cortesia El Universal de México.fuente:elespectador.com

Más se tardó el jurado en anunciar al escritor colombiano Fernando Vallejo como ganador del Premio FIL de Literatura, el lunes pasado, que éste en anticipar desde su casa en Ciudad de México que los 150 mil dólares que recibirá el 26 de noviembre durante la Feria Internacional del Libro de Guadalajara los donará a las dos mujeres y organizaciones que "mejor representan el apostolado de velar por los perros callejeros". Se trata de Martha Alarcón Martínez, fundadora de "Amigos de los Animales", en la ciudad de Xalapa, y de Patricia Rico Rodríguez, líder de "Animales Desamparados", en la capital mexicana.

¿Arrebato irresponsable? No. Consecuente con lo que ha sido la vida del novelista, que todos los meses destina buena parte de sus derechos de autor a los perros pobres de Medellín, Caracas, el Distrito Federal y España. A finales de 2008, en la casa de la capital antioqueña donde transcurre El desbarrancadero, fui testigo de cómo destinaba a esa causa 70 mil dólares que le pagó la Editorial Alfaguara por la publicación del compendio de su biblioteca literaria. En 2003 había hecho lo mismo con los cien mil dólares del Premio Rómulo Gallegos, suma que terminó en manos de la italiana Fiorella Dubbini, hoy cuestionada protectora de los perros en la capital de Venezuela (ver recuadro).

La millonaria bolsa de los dos galardones literarios más importantes del continente en idioma español, para la manutención de los animales de la calle. Maestro, ¿no le parece demasiado dinero para los perros, habiendo tanta gente necesitada?, le pregunté. Y respondió pasando de tierno a energúmeno: "Esa es una cretinada. ¿Usted cuántos niños ha recogido y cuánto de su sueldo les da a los pobres? Yo hago lo que me da la gana con mi plata". Y me advirtió: "Quisiera tener tanta plata como Bill Gates para hacer más por esos seres indefensos". Entonces me anunció que 60 mil dólares iban para su Fundación San Martín de Porres —un ateo devoto de sólo un santo—, dirigida por su hermano Aníbal y Nora, la esposa, defensores de la Asociación Protectora de Animales desde hace décadas. Acompañé a los tres a rescatar perros abandonados en las calles de Medellín, a aplicarles la eutanasia a los atropellados en las calles y a atender a los heridos o enfermos en el consultorio popular.

Es por esto que la decisión de esta semana era predecible. "Conozco desde hace tiempo esas asociaciones, colaboro con ellas, las he seguido y está muy bien que se lo entregue a ellas —justifica—. Son de la gente más generosa, de lo mejor que tiene México". Martha Alarcón, una de las favorecidas de "Amigos de los Animales", le contó a El Espectador que está nostálgica y dichosa (ver recuadro). Su hermana Ofelia acaba de morir luego de dedicar los últimos 20 años de vida a los perros abandonados. Cambiaron su apartamento por el terreno donde sobreviven 500 animales. Las dos hicieron amistad con Fernando Vallejo y su compañero mexicano, el coreógrafo David Antón, cuando fueron a conocer el refugio. Ya les había ayudado para el sostenimiento, como lo ha hecho desde los años 80 con el Refugio Franciscano de Toluca.

En esta misión Vallejo coincidió en México con el fallecido periodista y escritor Carlos Monsiváis, con quien denunció en febrero de 2009 la matanza, a machetazos, de 40 perros y gatos que cuidaba un hombre de 30 años que dejaba de comer con tal de que sus mascotas tuvieran ración y era acosado por los vecinos y por la policía.

Coincide también con Brigitte Bardot en su apoyo a "Animales Desamparados" (Ades), líder en la atención a los 2,4 millones de perros callejeros reportados en Ciudad de México, según cifra del Partido Ecologista. La famosa actriz francesa no respondió a nuestro llamado en su fundación en París, pero Patricia Rico, la cabeza de Ades, confirmó que ella les donó una ambulancia y que este año envió un manifiesto dirigido al presidente de ese país y al Congreso para prohibir "la cruel práctica de electrocución de animales callejeros y reemplazarla por la creación de centros antirrábicos de protección y esterilización canina y felina". Vallejo la respaldó.

Así viva desde hace 40 años en México y sus críticas al establecimiento colombiano no cesen, el escritor no se desconecta de Medellín, la tierra donde aspira a morir, a donde llama a diario para saber de los casos de cada jornada. Aníbal y Nora no desmayan en la tarea. Por estos días atienden en la fundación a 70 animales, incluidos damnificados del invierno en el Caribe, rescatados en las inundaciones en el Canal del Dique y Campo de la Cruz; esterilizados y rehabilitados para darlos en adopción. "Fernando seguirá ayudando y nosotros seguiremos respaldándolo mientras vivamos", dicen el hermano y su esposa.

Con ellos y con el escritor fuimos en 2008 a una casa donde dos ancianas hermanas cuidan de 70 perros y nunca les falta nada "gracias al doctor Fernando". Uno de al menos una docena de lugares del área metropolitana a los que la mano generosa de Vallejo llega cumplida y sin aspaviento. Dicen de él: "El maestro puede haberse gastado medio millón de dólares, o más, qué importa, lo importante es la labor social de la que nadie más se ocupa, porque las alcaldías lo que hacen es recoger y matar los animalitos a palos o electrocutados".

Una obsesión consecuente también con su obra literaria. Desde su primera novela, Los días azules (1985), hasta la última, El don de la vida (2010), los perros han ocupado un lugar trascendente. Si Argos representó la desventura perruna en La odisea de Homero; si un vulgar perdiguero alemán llamado Bauschan llevó a Thomas Mann a escribir Señor y perro; si el cocker Pinka inspiró a Virginia Wolf para la novela Flush, retrato de la época victoriana a través de una mascota; si Simón, el protagonista de Los perros hambrientos, hizo lo propio en Ciro Alegría, es a la gran danés Bruja a la que Fernando Vallejo le atribuye la dual energía con la que escribió su pentalogía El río del tiempo entre 1985 y 1993.

En Los días azules la describe a su lado durante la escritura o mientras duermen juntos: "una señora de abrigo negro, maravillosa, negra, alta, muy esbelta, hermosa, espléndida". El crítico literario francés Jacques Joset analiza la relación en La muerte y la gramática y concluye: "Bruja es más que un animal, mucho más que un ser biológico… llega a ser el puente principal entre los espacios del tiempo por los que se pasea el yo autoficcional de Vallejo".

De acuerdo. Bruja ladra entre líneas, trasciende como interlocutora desde los paseos diarios por el parque circular de la avenida Ámsterdam, donde todavía vive Vallejo en México ("vámonos al parque, muchachita, a violar todas las leyes, las normas, las convenciones…), hasta transformarse en fuerza sobrenatural, entre ángel y demonio. Coprotagonista de La desazón suprema, el documental de Luis Ospina sobre Vallejo, Bruja se la regaló al mes de nacida Miguel Ángel Pérez, criador de perros de raza.

El novelista le daba leche en biberón, queso importado, jamón serrano, crema holandesa, chocolates. Según el amo, "era políglota como el papa", porque daba la mano al llamado en cuatro idiomas. Murió en sus brazos a los 14 años, en 1993. "El golpe más duro del que no he podido recuperarme", dice Vallejo con genuina nostalgia. En Entre fantasmas (1993) le dedicó una especie de biografía y en La rambla paralela (2002) la evoca en latín. "El amor más puro y noble" que le impuso la vida desde niño junto a su perro Capitán, el que lo lleva a renegar de la condición humana. Ahora convive con Quina, una de las dos perras sin pedigrí que rescató de las calles del Distrito Federal; Kim, la otra, ya murió y también le causó un dolor que lo envejeció más.

Lo paradójico es que Vallejo siempre ha querido escribir una novela entera sobre su familia y los perros y nunca ha podido. "Este tema me paraliza el alma, no soy capaz de describirlo, por eso no he podido escribir el libro".

Por ahora suspendió la escritura de la biografía sobre Rufino José Cuervo para dedicarse al discurso que leerá en noviembre en la apertura de la Feria del Libro de Guadalajara, donde seguro hablará de su perra vida: "tener un perro siempre es un sufrimiento, porque se me han muerto y pues yo no quiero morir y dejar a esta huérfana, a la que tengo ahora". Y vuelve el recuerdo de Bruja, como Argos moribundo a los pies de Ulises, en busca de la última mirada de su amo.

"Una gran ayuda para nosotros": Martha Alarcón

Como integrantes del Grupo Protector de la Vida Animal Amigos de los Animales Xalapa, es un logro muy importante el que el maestro Fernando Vallejo nos haya escogido entre los dos grupos protectores de animales para donar el Premio FIL de Literatura. Representa un estímulo y una gran ayuda para continuar con esta ardua labor en beneficio de perros y gatos desamparados. No es fácil enfrentarnos diariamente al sufrimiento de los animalitos, a la indiferencia, la maldad y el desprecio de los humanos hacia nuestros hermanos menores, así como a la incertidumbre por la escasez de recursos económicos y humanos para atención médica y cuidados de cerca de 500 albergados que esperan ser adoptados, además de la diaria llegada de enfermos, atropellados, ancianos, embarazadas y cachorros encontrados en los desagües, terrenos baldíos, en las vías del tren, etc. Asimismo, es complicado sostener un programa de esterilización de perros y gatos para controlar la sobrepoblación, un programa de adopción para lograr que las personas adopten perritos de albergue, un programa de concientización sobre tenencia de animales de compañía. El maestro Vallejo nos ha seguido de cerca por más de diez años. Gracias a él continuamos en la lucha.

Controversia en Venezuela por Mil Patitas

Fiorella Dubbini, la italiana radicada en Caracas a quien en 2003 Fernando Vallejo le entregó los US$100 mil del Premio Rómulo Gallegos, ahora es motivo de controversia. Educada en Europa y de familia pudiente, vivía en el selecto sector caraqueño de Altamira hasta que fue expulsada del vecindario por su obsesiva convivencia con los animales. Reconocida desde 1989 como la principal defensora de los perros callejeros de la capital venezolana, creó la fundación Mil Patitas, donde atiende a 400 perros y 200 gatos en un terreno adquirido con el dinero de la donación. Sin embargo, la fundación Amigos Protectores de los Animales, la Federación de Entidades Protectoras de Animales, la Red de Apoyo Canino y la representación en Venezuela de Animanaturalis Internacional denunciaron que a raíz de la publicidad que recibió mucha gente empezó a llevarle mascotas, incluso la Alcaldía de Caracas y la Gobernación de Miranda. El fenómeno llegó a 15 casos diarios y, como ella no rechaza a ninguno, desbordó a esta mujer y los animales terminaron hacinados y enfermos. Una carta enviada al Concejo Municipal del municipio de Guaicaipuro dice: "Presumimos que la señora Fiorella Dubbini sufre un desorden mental, quizás una enfermedad llamada síndrome de Noé, patología que lleva a una persona a acumular un número desmesurado de animales". Ahora la acusan del martirio y la muerte lenta de sus protegidos. Esto motivó la visita de las autoridades y la realización de brigadas de emergencia de las que los denunciantes dan cuenta en un grupo de Facebook. Dubbini explica vía internet que tiene a la mano todos los certificados en regla, que cumple con las normas sanitarias y que nunca ha dejado de atender a los animales como se debe. Asegura que "esas asociaciones lo que quieren es matar a los animales y expropiar mis terrenos".